Lorenzo escribe a Amélie :
Madrid, 17 de agosto de 19...
Querida Amélie,
Ayer fui a ver una corrida de toros. Me
encontré con Juan que iba a
la de por la tarde y tanto me dio la tabarra, que acabé por acompañarlo. Tú ya sabes lo que yo pienso, bueno, pensaba de los toros.
Pues, no te lo creerás, pero después de haber visto la corrida, he cambiado de opinión. Después de comprar las entradas nos instalamos en las gradas.
Los tendidos son un
espectáculo en sí mismos. Nunca he visto un ambiente más cálido ni una alegría
más comunicativa. Pronto sonaron los clarines. Inmediatamente aparecieron las cuadrillas y empezó el
paseíllo.
Estoy seguro de que jamás has visto algo parecido : todos los participantes,
toreros,
banderilleros, picadores, vestidos con los trajes de luces entran en la arena para saludar al presidente de la corrida. La
música, el colorido y el movimiento le dan
al paseíllo una belleza que yo nunca hubiera sospechado.
En cuanto vuelvas, iremos a ver una
corrida de toros.
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